jueves, 26 de septiembre de 2013

En la fila

Una mujer mastica chicle, aparenta unos cincuenta años por las arrugas alrededor de ojos y cuello aunque trata de abrazarse a la juventud con su ropa deportiva. Hace calor, el aire acondicionado no abastece lo suficiente para todos los que están haciendo fila, arrimados casi uno encima del otro, percibiendo sus olores y confundiéndose entre ellos mientras el tiempo sigue avanzando.

También está un joven guapo, delgado con pantalón color mostaza y camisa celeste resoplando enojado porque la fila no avanza, comenta un poco para sí pero todos escuchan su devaneo filosófico sobre el mal servicio que prestan las entidades públicas, el maltrato a los clientes y las odiosas comparaciones con países industrializados. Todos lo escuchan pero nadie opina, el hastío y el calor impiden el quórum necesario para la queja.

Se cansa de la fila y decide retirarse un hombre con camiseta del Barca de España, es de la nueva temporada y contrasta con su pantalón raído y sus zapatos con vestigio de lodo, se va quejándose y repartiendo maldiciones como invitaciones para empezar un conflicto que nadie decide aceptar. De repente la señorita del balcón de servicio vocea un número y todos revisan automáticamente el suyo, unos para suspirar notando la distancia con el número mencionado, otros calculando cuánto faltará hasta que llegue su turno y un solo beneficiado que se acerca y por fin es atendido.

El murmullo cada vez es más fuerte, las voces de queja empiezan a escucharse más claramente y la temperatura del aire acondicionado empieza a bajar, tal vez en un esfuerzo para que los ánimos se calmen un poco, pero todo esto, es más que una fila, es una confluencia de vidas, angustias y esperanzas; todos juntos compartiendo el mismo tiempo y espacio.

Todas estas personas por un  momento coincidieron en la elección del lugar, por un momento todos estuvieron pensando lo mismo y el mundo hizo que todos estén ahí respirando insoportablemente sus miserias, uno a lado del otro, ansiando ser atendidos para resolver aquello que la causalidad utilizó como artimaña, para tenerlos esperando la voz chillona y desagradable de la señorita del balcón de servicio diciendo: siguiente!






miércoles, 18 de septiembre de 2013

Huye de su veneno

Carmen está enferma, su cuerpo se contagió y su sangre se infectó, no recuerda bien cuando exactamente sucedió y ya dejó de intentar acordarse porque no hay reverso en lo que le sucede. Su cuerpo sintomatizó aquello que enfermó primero a su alma. Ahora está en un hospital para enfermos terminales con un cáncer que la debilita cada día, duerme mucho gracias a las pastillas que le aminoran los intensos dolores propios de su enfermedad y cuando está despierta se siente muy cansada para leer, prefiere ver el jardín o disfrutar el perfume de las flores frescas que todas las mañanas Elisa su enfermera favorita, cambia para ella y las deja sobre su pequeño velador.

Elisa es una chica joven, bonita y siempre alegre que decidió estudiar enfermería por su intensa vocación de servicio, disfruta lo que hace y es muy querida entre los pacientes y el personal del hospital. Tiene unos grandes ojos azules que contrastan con su pelo oscuro y corto que le llega a la altura de las orejas cortado sin mayor cuidado con algunas puntas salientes que le dan un toque muy juvenil. Una mañana como de costumbre entra a cambiar las flores del velador de Carmen y percibe algo diferente. Sus párpados no se mueven, toca su muñeca para tomarle el pulso y no hay nada que hacer, Carmen por fin descansa, espera que haya encontrado la paz que tanto anhelaba. Empieza a arreglarla cuando de entre su ropa cae una carta que sólo dice "Para Elisa". La toma y guarda en su bolsillo y anuncia del fallecimiento de Carmen a sus superiores para hacer todo el trámite correspondiente. Su trabajo termina a las cinco de la tarde y es ahí cuando al salir del hospital decide ir a sentarse en una de las bancas frente al río para poder leer la carta que no la intriga demasiado pero siente curiosidad ¿qué podría escribirle esa anciana? ¿una herencia? ríe divertida. Encuentra una banca vacía y saca la carta de su bolsillo, se acomoda y empieza.

"Querida Elisa, seguramente te sorprenderá haber recibido una carta mía, pero no tuve hijos y tu fuiste en mis últimos días, lo más parecido a una hija amorosa y pendiente. Tu sonrisa iluminaba la habitación y mi corazón todas las mañanas, nunca te lo dije pero agradecí cada ramito de flores que ponías todas las mañanas en mi velador, me hizo feliz las veces que con paciencia me llevabas en mi silla de ruedas a ver el jardín y luego me leías a Cortázar, pero esta carta no es sólo para agradecerte sino más bien para advertirte. Mi cáncer fue sólo la respuesta al veneno que corría por mis venas desde hacía muchos años. Es fácil contagiarse con ese veneno porque no lo descubres hasta que es tarde. Te explico:

Existe una vieja, encorvada, llena de arrugas muy profundas con una piel muy oscura sin llegar a ser una persona de raza negra, tiene artritis lo asumo por sus dedos totalmente torcidos; tiene un poderoso y desagradable olor a tabaco, su boca casi sin dientes da un aspecto decadente en conjunto con una alopecia que la tiene calva por partes y por otras, caen unas mechas grises y sucias. Luce siempre un vestido raído y anda descalza con unas uñas llenas de hongos y podredumbre, cuando te habla sientes que tus oídos sufren pues tiene una voz chillona como si fuera el quejido de un animal herido de muerte, es una voz que te petrifica y nunca olvidarás, camina lento y se mueve entre las sombras, prefiere la oscuridad y detecta el miedo a kilómetros, cuando te elige como víctima, ataca en solitario, tiene un abordaje sutil tratando de pasar inadvertida como una pequeña hormiga que camina sobre el pie descalzo y en el momento menos pensado te muerde.  Esta vieja cambia de forma para atacar, el problema es que cuando te muerde, clava su veneno en ti y éste se aloja directamente en tu sangre y empieza a circular rápidamente por todo tu torrente sanguíneo sin que puedas notarlo hasta que es demasiado tarde. Ella por el contrario ahí encuentra su fuente de juventud, se renueva con cada dosis de veneno que sale de su cuerpo extendiendo muchas semanas más su vida.

Volviendo al efecto sobre el ser afectado por su picadura, mira, pierdes el control sobre ti, poco a poco empiezas a desconocerte, te envuelves en rabia, no logras pensar bien ni distraerte, temas que antes eran meras preocupaciones normales y manejables se convierten ahora en pesadillas que te quitarán el sueño para siempre, pierdes tu objetividad. ¿Por qué te cuento todo esto? porque ese veneno se llama frustración y la única forma de que no te envenene y acabe con tu vida como lo hizo con la mía es que la detectes a tiempo. Nunca podrás tener todo, siempre al ganar algo perderás algo también, lo importante es que aquello que ganes sea siempre mayor que aquello que perdiste. Nunca dejes nada para después, porque después siempre es tarde y sobre todo, entrega todo de ti, que nunca quede un pendiente por hacer, que si algo termina, que jamás quede en ti la duda de si al haberlo intentado un poco más, todo sería mejor. No permitas que la frustración entre en tu sangre porque terminarás enferma como lo estuve yo.

Quiero que seas feliz Elisa, por eso te he escrito haciendo acopio de mi último aliento de vida, un abrazo.

Carmen"


Elisa queda estupefacta, saca de su bolso un cigarrillo marlboro rojo, lo enciende con unos cerillos y mientras observa el humo que sale de su primera bocana se queda reflexionando sobre la carta. La vida es rara, te da mucho y luego te lo puede quitar todo, ¡pobre mujer! exclama y luego sonríe recordando las mañanas en el jardín filosofando con Carmen sobre Cortázar y un mundo donde siempre logres un final feliz. Se queda un rato más hasta que termina el cigarrillo, guarda la carta en su bolso y al voltearse una vieja encorvada con arrugas profundas y piel muy oscura sin llegar a ser de raza negra, que expide un desagradable olor a podredumbre y tabaco le sonríe, ella la mira, le devuelve la sonrisa, se levanta y empieza a caminar. La vieja la sigue con la mirada pero Elisa se ha marchado.



sábado, 14 de septiembre de 2013

Siempre juntos


Caterine llega temprano a casa luego de una intensa jornada laboral, sueña con descalzarse y tomar un largo baño en su tina con mucha espuma y agua caliente. Aparca frente a su casa y le sorprende ver un biplaza rojo afuera, piensa que tal vez es alguien que visita a uno de sus vecinos pues nunca antes había visto ese auto por el barrio, antes de entrar, revisa que las plantas que adornan la entrada estén bien regadas, están empezando a florecer unas ixoras color morado preciosas, así que contenta con sus plantas, cruza la puerta principal, camina por un pequeño camino, sube dos escalones y entra a su casa.

Desde la entrada se puede apreciar la sala con un gran ventanal que permite la visión completa de un patio con una galería acogedora, testigo de las reuniones semanales que ella junto a Jorge ofrecen todos los fines de semana para amigos y familiares. Luego de la galería está una piscina grande con un cómodo jacuzzi y finalmente una parrilla que se convierte en el centro de conversación de cada reunión. Llevan una vida social muy agitada debido a sus profesiones. Jorge y ella ocupan cargos importantes en sus respectivas empresas de labores. Él es vicepresidente de uno de los bancos más importantes de la ciudad y ella la gerente administrativa de una cadena internacional de hoteles. Caterine no es bonita pero tiene una sonrisa que encanta y alegra un poco sus ojos grandes y tristes como punto central de una cara redonda, aunque a veces sus ojos la traicionan y develan un halo de tristeza producto de la vida que junto a Jorge a llevado, gracias a muchos años de infidelidades que luego son compensados con viajes, joyas y promesas de que no volverá a suceder.
Parada desde la entrada haciendo una visión panorámica de su casa se siente satisfecha, tiene lo que soñaba cuando era niña, al menos a nivel material, gira a su izquierda y empieza a subir una escalera de caracol hecha de cemento blanco como la mayoría de las paredes de su casa, del lado izquierdo de la pared hay innumerables figuras religiosas, crucifijos, santos, vírgenes y demás imágenes que le dan fuerza para seguir aguantando "su cruz". En el camino se ha descalzado y sube despacio y cansada, casi puede sentir las burbujas en su piel sólo de imaginarse aquel baño esperado y de repente algo la distrae de sus pensamientos, las últimas imágenes de la pared están movidas y un crucifijo en el piso, se sorprende y agacha para recogerlos y ponerlos en su sitio. Termina de subir gira a la izquierda y avanza por un corto pasillo hasta llegar a la puerta de su dormitorio extrañamente cerrado.

Su corazón empieza a latir con mucha fuerza, se llena de temores y camina casi en puntillas hasta hacer girar lentamente la cerradura y abrir la puerta sólo un poco, casi asomando sólo la nariz apunta el teléfono, toma una foto y cierra la puerta en silencio. Sus latidos golpean tan fuerte que siente que le van a estallar las venas del cuello, pero aún así regresa sobre sus pasos, baja la escalera casi sin respirar sale de su casa y sube a su auto. Lo arranca despacio y se aparca cerca de un parque para tomar un respiro y revisar la foto.

Es una foto malvada, están a contraluz pero claramente se ve la figura de Jorge, hermoso como un dios, con sus músculos totalmente dibujados por el trabajo que realiza, apoyándose sobre sus dos manos mientras esa mujer desconocida le tiene las piernas cruzadas en su espalda, parece foto artística: dos cuerpos perfectamente tonificados y marcando músculo en brazos y muslos, pero lo que más le llama la atención son sus rostros, los dos tienen la mirada clavada en el otro con una expresión que nunca antes había visto en Jorge y le enfurece que él la tenga con otra. Se lanza a llorar sobre el volante un largo rato, hace un recordatorio mental de todas las veces que lo ha encontrado teniendo un affair y una vez encarado, él lo reconoce, desprecia a la mujer de turno en su presencia, le pide perdón y todo regresa a la calma; pero esta es la primera vez que lo descubre en su casa y en su cama. Revisa el teléfono y no hay llamadas ni mensajes de Jorge, está segura que ni notó que ella estuvo ahí presenciando su momento de entrega y placer.

Decide ir e imprimir esa foto, tener una prueba más que sumará al folder que tiene lleno de mails escrito por Jorge a otras mujeres con descripciones sexuales explícitas, vouchers de moteles y temas varios de la misma naturaleza que ha ido descubriendo a lo largo del tiempo y se han convertido en su colección personal con la idea de chantajearlo con un abandono escandaloso que jamás se dará. La verdad es que ella no puede vivir sin él, lo necesita, necesita verlo dormir a su lado todas las noches, sentir su respiración en la madrugada y verlo sonreír. Hace la diligencia, va a un lugar de fotocopiado, imprime varias copias y las guarda en un sobre color manila.

Llega a su casa y ya el biplaza no está, se aparca y baja del auto, abre las puertas y entra a su casa; siente que las piernas le tiemblan pero debe mostrar naturalidad, sube las escaleras y escucha el ruido de la televisión encendida en el dormitorio. Entra y lo ve acostado en calzoncillo y camiseta de muy buen humor, la saluda cariñoso y ella corresponde de la misma manera. Avanza hacia el baño y luego al walking closet donde en el último cajón tiene escondido el folder con todas las pruebas que jamás utilizará pero con las que siempre lo amenazará. Se cambia de ropa por una pijama cómoda, se saca el maquillaje y sale del baño hacia la cama.

Se acuesta junto a él y le pregunta: -me amas?  -pero por supuesto vida, nunca lo dudes. -estaremos siempre juntos? -siempre, baby. Luego la rodea con sus brazos pegándola a su pecho y eso es todo lo que ella necesita saber, esa foto y esa imagen, se quedaron guardadas en el folder para siempre.




 
 
 

viernes, 30 de agosto de 2013

Un par de palabras

Laura se incorpora de su cama con sábanas blancas a rayas azules, no llega a pararse, se queda mirando sus pies, lleva un pedicure con uñas azules, mueve los dedos y sonríe del colorido, está en calzón y camiseta de cuello redondo de algodón toda de blanco, no tiene ganas de nada, no sabe si tiene anemia incipiente o una ligera depresión, pero sólo tiene ganas de dormir, llorar y quedarse bajo sus sábanas sin saber del mundo.

Le da vuelta la cabeza Eduardo, llevan mucho tiempo juntos y empieza a parecer demasiado. Su indiferencia empieza a volverse notoria, los mensajes al celular dejaron de llegar, las llamadas son escazas, los encuentros que antes eran largas tertulias en cafetines o restaurantes, empiezan a volverse cada vez más distantes. Inclusive los encuentros físicos que tantos malabares en la agenda eran capaz de realizar a cambio de estar juntos por horas interminables, están desapareciendo y cuando llegan, son fugaces y dignos de ser olvidados.

La vida está llena de despedidas y reencuentros piensa y respira hondo, sigue mirando sus pies, se despereza, levanta y camina hacia la ducha, necesita recibir el agua helada sobre sus ideas, poner a funcionar las neuronas y calmar las emociones ya que carece de inteligencia emocional, lo sabe, es un defecto malvado que no ha logrado corregir, ella es totalmente pasional, capaz de armar un torbellino arrastrada por los celos o cruzar una ciudad completa sólo para verlo y decirle a Eduardo que lo ama. Radical y extremista hasta en su apariencia. Muy alta, delgadísima, pelo corto lacio y de una hebra hasta las orejas, con una cara ovalada y una nariz que hace conjunto perfecto con la boca. Guapa según el criterio de todos los que la conocen y con grandes problemas de autoestima para los que la conocen un poco más.

Siente el fuerte chorro de agua sobre su cabeza, apoya las manos frente a la pared como si necesitara sostenerse para aguantar estoicamente toda el agua helada que cae sobre ella, llora, llora mucho en esa posición sin moverse, sin enjabonarse, sólo llora y recibe el golpe de agua como castigo por sus excesos, por acosarlo; repite mentalmente los últimos diálogos, llenos de reclamos e incoherentes peticiones de su parte y vienen las imágenes de un Eduardo impertérrito frente a su berrinche, sin moverse ni pestañear; ella pudo percibir cómo moría todo viendo sus ojos mientras ella seguía llorando y suplicándole que no se vaya, recuerda verlo girar sobre sus talones en silencio, caminar hasta subirse en su auto y arrancarlo sin apuro.

Ha decidido ir a verlo, para terminar con todo o tratar de salvar la relación, extremista, sin saber detenerse, se viste apresuradamente: un jean ajustado, una blusa negra sin mangas y unas zapatillas cerradas tipo ballerina junto a una cartera roja pequeña que le cruza el cuerpo delgado y espigado. Va en bicicleta porque la mañana está deliciosa, hay un sol que abraza con viento frío que bien podría necesitar un suéter más tarde. El pelo corto y lacio vuela con el viento, sus gafas redondas protegen sus ojos tristes mientras sonríe esperando que todo salga bien.

Pedalea pensando que él tiene demasiado poder sobre ella, por eso la manipula emocionalmente y la hace vivir una ruleta rusa de sentimientos extremos que terminarán matándola. Golpea dónde sabe que la va a lastimar y cuando la ve totalmente destruida, se le acerca, la besa y con esa gran sonrisa de canalla, le dice que está exagerando porque las cosas no son tan terribles, le suelta un par de palabras afectuosas o alaba una vez más, su belleza irresistible y las cosas vuelven a la normalidad enfermiza en la que esta relación se encuentra.

Laura busca un par de palabras que la hagan volver a soñar que siguen conectados, ansía ese par de palabras que vuelvan a poner todo en orden dentro de esta anarquía. No tiene idea si Eduardo la recibirá, no ha contestado sus mensajes ni sus llamadas, por cierto, innumerables y agobiadoras. Intenta inventar un pretexto, un motivo que los saque de dónde están y puedan hablar, llega hasta el edificio donde está su oficina y aparca la bicicleta. Sube por las escaleras los dos pisos hasta estar frente a la puerta de su oficina, le empiezan a temblar las rodillas y las manos, toca suavemente la puerta y la secretaria la deja entrar, pide hablar con Eduardo y este a regañadientes la deja pasar, le ofrece agua y ella niega con la cabeza.

Se sienta en un cómodo sofá y lo mira sin hablar, sigue esperando ese par de palabras, un: "te amo", "te quiero", "está bien", "si seguimos", "imposible dejarte", "eres vida", "mi amor". Cualquiera de esas estaría bien escuchar en estos momentos, lo ansía con todo su corazón, ese par de palabras y todo lo demás estaría borrado, olvidado y eliminado de su corazón. Eduardo es un hombre educado, de finos modales. Ella sabe que cualquier palabra que salga de su boca será decisiva en estos segundos que parecen eternos mientras se miran tratando de leerse y de hablar sin palabras.

Recuerda cuando eran felices y no paraban de reír, cuando lograban burlar todas las responsabilidades y se escapan para besarse, para caminar tomados de la mano y se le atoran las lágrimas para no llorar mientras espera la reacción de él.

Eduardo le pregunta el motivo de su sorpresiva visita y ella empieza a pensar una excusa para salir, para verse a solas y hablar, algo que ofrezca la oportunidad para poder escuchar ese par de palabras que le darán un giro a su relación y lo invita a almorzar.

Eduardo sonríe con una mueca forzada, es un hombre muy inteligente y sabe que la pregunta implícita es otra y su respuesta será justamente a esa pregunta latente en el ambiente, se toma su tiempo, ordena unos papeles restándole importancia al nerviosismo de Laura, pone sus dos manos en señal de oración o súplica, la mira condescendiente, suspira, abre la boca y le dice: No, gracias. Estoy ocupado.

Laura se levanta, no tiene fuerzas para armar una batalla, acaba de perder la guerra. Trata de sonreír al despedirse y sale de la oficina y de la vida de Eduardo con la mayor tranquilidad que le es posible. Recibió lo que buscaba: un par de palabras.














martes, 27 de agosto de 2013

Un dios dormido

Paul duerme tranquilo en los brazos de Rosario. Ha estado fuera de la ciudad una semana y apenas bajarse del avión, lo primero que hizo fue ir a buscarla para refugiarse entre su carne. sólo Rosario lo conoce, lo mira y lee sus ojos tristes, llenos de silencios que gritan sin hablar y al abrazarlo se funden en un sólo ser, piensan igual y hablan el mismo idioma que nadie más comprende.

Están acostados desnudos, cubiertos sólo por todo el recuerdo de la pasión de hace unos poco minutos, ella lo tiene apoyado en su pecho totalmente rendido, durmiendo profundamente y trata de imaginar ¿en qué piensa?, ¿con qué sueña? Mira su rostro impoluto, el tiempo no pasa por él, su nariz recta, labios carnosos bien perfilados, una ligera hendidura en su rostro al sonreír. Ahora sus ojos de mirada profunda totalmente cerrados, sus pestañas casi topan sus pronunciados pómulos y tiene una expresión de calma y paz que la hacen querer apretarlo con fuerza hacia ella, pero sólo lo aprieta despacito con temor a despertarlo.

Su respiración es pausada, parece un dios dormido. Su piel bronceada brilla bajo la luz que logra entrar por la ventana, sus brazos definidos, sus piernas torneadas y su espalda fuerte hacen que Rosario lo vuelva a desear una vez más, pero prefiere tenerlo así, como si fuera un bebé desprotegido a quien acaricia su pelo arrullándolo, para que no tenga pesadillas, para que se sienta amado y sus sueños sean agradables.

Pasan los minutos, pasa una hora y Rosario recuerda haber vivido horas más intensas, momentos y personas que la hicieron vibrar mucho más de lo que Paul alguna vez podría, sin embargo, está ahí velando su sueño, cuidando su respiración, sintiéndolo suyo por esos minutos. La vida nos somete a juegos injustos y encuentros a destiempo, pero ahí van caminando, compartiendo sus miserias, sus alegrías y despidiéndose pensando que tal vez esa sea la última vez.

De repente Paul despierta, un poco atontado, evidentemente no logra ubicarse ni dónde, ni con quién está todavía. Pide disculpas por toda la saliva derramada sobre el pecho y cuello de Rosario, por el tiempo "perdido"  mientras dormía y empieza a vestirse. Rosario le sonríe, le dice que no hace falta disculparse y trata de explicar lo especial que fue para ella. Él asienta con la cabeza, sonríe un poco sin prestarle mucha atención, ella lo ve arreglarse y en cada prenda que se pone está un nuevo adiós.

Nuevamente vuelven a despedirse, pero esta vez sin saberlo, él ha dejado algo suyo dentro de ella.





martes, 30 de julio de 2013

La decisión

Marta sale de su aula a fumar un cigarrillo en el receso, está agotada. Durante el día trabaja a medio tiempo en un banco y por las noches estudia para ser actriz, está pensando renunciar y dedicarse por completo a su carrera, en algún momento debe empezar a vivir sólo de su arte y cree que el momento está llegando, la aburre lidiar con clientes, usar tacones, medias nylon y contar dinero que no es suyo. Se agarra el pelo en una coleta mientras juega con un cigarrillo en la boca y frente a ella lo ve salir, le llama la atención su facha, al igual que ella lleva un cigarrillo en la boca, pero está levantando los brazos  y se despereza sin ningún pudor como un enorme oso, alto, vestido con camisa rosada y mochila negra, baja los brazos, suspira y toma el cigarrillo entre los dedos mientras nota la mirada de esta mujer delgada y bajita arreglándose el pelo, le guiña un ojo y sale. Quedó perdida en esos ojazos enormes con hermosas pestañas, nariz grande y una sonrisa amplia con dientes grandes. Está segura de tener la boca abierta porque el cigarrillo casi se le cae, se repone de la vergüenza de verse descubierta, respira hondo y sale también donde están todos los alumnos, unos comprando comida, otros leyendo, en grupos y en solitario, pero no logra verlo y decide sentarse a fumar tranquila, piensa que si no se mueve, de repente, él podrá encontrarla. No lo vio más esa noche.

El día siguiente todo camina con la misma monotonía que la está matando desde hace un año, ella sólo puede pensar en esa sonrisa y ese guiño de ojo a través del humo del cigarrillo. Llega la noche y va a la universidad, pero esta vez está alerta buscándolo y ahí está, de lo más desenfadado, riendo en medio de un grupo de estudiantes, él la ve perfectamente pero sigue conversando y la ignora, de repente llega el alemán, un amigo de la época del colegio que la conoce demasiado para ignorar su nuevo interés, se sienta a lado de ella y le dice: "es argentino, se llama Ignacio y estudia para productor de cine". Marta suelta una carcajada, pero la información le sirve, se queda pensando en Nacho. No sabe que el destino siempre está listo para unir caminos y en menos de tres meses ya eran novios.

Son una pareja interesante, a simple vista parecen complementarios pero realmente son un sólo cuerpo dividido en versión femenina y  masculina. Se sientan horas a no hacer nada, a fumar y reírse como niños, salen a comer, hacen deporte, leen, se encierran a ver maratones de películas y las analizan desde sus diferentes perspectivas y ríen mucho, la risa es una característica de ellos. Pero nada es eterno y el tiempo siempre sigue avanzando sin que lo notemos.

La universidad terminó, la época de poner fotos sobre el piano mientras bebían vino a las cinco de la tarde, filosofando sobre el futuro, llegó al final también. Ahí están los dos mirándose sin hablar, el camino se abre, Nacho debe regresar a Argentina y Marta tiene miedo de seguirlo, él no hace promesas ni propuestas. Se vienen noches eternas, hablando sin hablar, ella tiene la cabeza llena de dudas y preguntas, él sólo vive el momento y éste está cambiando.

Nacho ha comprado una vieja Volkswagen van del setenta, le dice que va a recorrer América latina en auto, que en su van hay dos puestos, mientras la toma de la cintura y la aprieta contra si. ¿Qué dices, te animas? y Marta se separa, no puede. Ella está empezando su carrera como actriz, tiene un pequeño papel en una novela de producción nacional, la paga es mala pero es un comienzo
 
Rompe a llorar, se sienta en el bordillo de la calle y llora desconsoladamente, Nacho se sienta en silencio a su lado, le ofrece un cigarrillo que ella acepta, se lo enciende y enciende uno para él. Ahí están los dos, con el corazón en la boca, sin saber que hacer y con un adiós inminente y doloroso.

Nacho no hace promesas ni propuestas y Marta le tiene terror a lo incierto, vive pensando en el mañana sin disfrutar el presente. Y ahí se quedan, esperando que el humo del cigarrillo resuelva lo que ellos son incapaces de decidir.



lunes, 22 de julio de 2013

La Ausencia


Cristina enciende un cigarrillo mientras mira su tatuaje, está en el antebrazo izquierdo,  sube desde su muñeca hasta medio antebrazo, son cinco pequeños dibujos que simulan gaviotas volando, representan las cinco personas que amó y que terminaron yéndose de su vida, todas ellas diciéndole que era "linda", seguido de un pero, que justificaba el abandono.

Camina tranquila, sin rumbo fijo, ha decidido vivir sólo el momento, libre de ataduras, trabaja de empleada doméstica, de asistente para adultos mayores, de cajera en un restaurante o de mesera, dependiendo el lugar al que llegue. Lleva poco equipaje, una mochila y sólo lo que cabe en ella, los trabajos son para pagar la comida y comprar un ticket que le permita seguir avanzando hacia ningún lugar en particular.

Ahora está en la playa y lo está disfrutando mucho, es mesera de un pequeño restaurante de ceviches por la mañana y tiene toda la tarde libre. Gusta mucho de sentarse en los malecones o parques a observar a las personas. Así, observando un poco, logró superar la última y definitiva ruptura.

Entendió que la distancia cumple un círculo en las relaciones, primero llega la ansiedad, esa insoportable ansiedad y frustración de sentir las manos atadas, no hay forma de acortar la distancia y la acompaña una sensación espantosa de extrañar hasta que duele, no importa qué suceda alrededor, la sensación de vacío es dominante.

Luego viene la costumbre, la ausencia no es tan terrible ya, de repente, una anestesia emocional, un letargo mental y el dolor empieza a desaparecer, poco a poco se deja de extrañar y la ausencia se vuelve cotidiana, hasta que finalmente, está superada y aceptada. Se llenan los espacios vacíos y se continúa.

La última vez, esa persona regresó una vez que el ciclo se cumplió por completo y fue tarde, una vez finalizada y superada todas las etapas no hay retorno. El sentimiento termina muriendo y lo que queda es un cadáver desagradable pudriéndose cada minuto en el olvido, si se quiere rescatar algo, lo único que aparecerá es ese cadáver con un exquisito olor a podredumbre de relación muerta.

Sentada en la arena,  con los pies cerca del mar, ríe a carcajadas recordando, el mar moja levemente sus pies a ratos y ella disfruta el cigarrillo. Su vida es perfecta como está en este momento. No está dispuesta a iniciar ningún círculo, está cansada del cliché del amor perfecto y para siempre. Como dice Cortázar "Todo dura un poco más de lo que debería" y a ella el amor nunca le dura lo suficiente.

El ser humano se adapta a todo, hasta a la ausencia que tanta resistencia le ponemos al principio, infortunadamente, termina siendo cotidiana.

miércoles, 17 de julio de 2013

El mensaje

María se despierta en un hotel barato alquilado por el día, usado por algunos del sector como motel, pero para dormir un día está bien. Su habitación es pequeña; un televisor, baño privado, un aire acondicionado que suena un montón y ayuda a disimular los gritos de satisfacción de sus vecinos. No quiere levantarse, toma el celular revisa mensajes y no está el que quiere recibir. Se incorpora un poco para hurgar en su bolso y sacar su último paquete de cigarrillos, saca uno y lo enciende, no ha comido nada desde la tarde del día anterior y no le importa, fuma tranquila en la calma pasmosa de aquellos que ya perdieron las ganas de vivir.

No hay noticias, no hay mensaje ni llamada, se frustra pero en el fondo no espera nada, sabe que es imposible. Lleva huyendo algunos días y no tiene rumbo, quiere desconectarse y no se da cuenta que no importa el lugar donde vayamos, nuestros pensamientos siguen pegados a lo que nos hace daño.

Fuma uno y enciende otro con el que se está apagando, sigue recostada y enciende la televisión y la vuelve a apagar, de repente las paredes la empiezan a aplastar, se incorpora, camina al baño, lanza el pucho en el servicio higiénico y lo ve irse dando vueltas. Se saca la ropa y toma una ducha eterna, aunque no hay mucho que limpiar. María es delgadísima, alta, con un pelo cortísimo que denota su delicado cuello largo, esbelto, ojos cafés tan claros que cuando llora parecen amarillos y ahora último llora mucho.

Sale de la ducha y se pone unos zapatos de caucho, un jean gastado, camiseta roja y una chompa jean que la tiene casi veinte años con ella. Se lava la boca y enciende su último cigarrillo, toma su maleta y cierra la habitación, otro círculo cerrándose a sus espaldas. Baja por las escaleras porque no confía en los ascensores.

Paga la cuenta y mientras, vuelve a revisar el celular, ningún mensaje. Nada.

Sale y cruza la calle, camina entre autos y peatones, el ruido de la ciudad la aturde, cruza todo, avanza hasta el Malecón y se sienta a ver el río. Ahí está ella, una vez más enfrentada a sus acciones, furiosa por sus decisiones y herida por las consecuencias. Pasa un chiclero y compra otro paquete de cigarrillos, lo abre saca uno, lo enciende y vuelve a revisar el celular. Nada.

Se queda esperando ese mensaje que no llega, que sabe, no llegará, pero la esperanza de que llegue es lo único que la mantiene aferrada a la vida... todavía.



martes, 16 de julio de 2013

El pianista y la escritora

Mónica se acaba de despertar, está cansada, estuvo hasta tarde escribiendo su nueva novela, la lleva bastante adelantada pero la vuelve a leer y elimina textos, aumenta otros, se frustra, se vuelve a enamorar y sus dedos siguen bailando frente a la computadora mientras el tiempo se escapa. Hoy se queda acostada en la cama mirando el techo blanco, entra mucha luz a su dormitorio a través de su ventana gigante y adornada con cortinas de telas muy suaves blancas, que se agitan al entrar la suave brisa de la mañana, su habitación es blanca, sábanas blancas, edredón grueso delicioso y abrigador a morir, hay un sólo cuadro en la habitación y representa la fertilidad, cosa irónica ya que ella no puede tener hijos, el resto de las paredes lucen dibujos hechos por sus sobrinos, regalos por su cumpleaños, navidad o algún evento en sus colegios. Sigue acostada sin pensar, sólo disfrutando el sonido del piano que viene del otro lado de la casa, es Ramiro, llevan veinte años juntos y todavía sigue enamorada de él como el primer día.

Ramiro es alto, pelo oscuro, parece un niño, siempre sonriente y en cada sonrisa muestra sus grandes y perfectos dientes blancos. Ramiro es descomplicado,  le gusta reír y en cada nota de su piano deja un poco de su vida, todos los días; es su profesión, su vicio y su vida después de Mónica, porque para él la vida sin ella no es vida. Él siempre es el primero en despertarse y acude a su piano para despertarla con música, porque esa es la única forma que él considera digna de ella.

Se conocieron porque la vida no trae casualidades, ella escribía sentada en una banca de parque mirando una laguna, tratando de encontrar  aquello que la inspire, buscando una historia que valga la pena ser escrita. Ya no creía en el amor, ya todo lo había vivido, todo lo había escuchado y todo lo había llorado. Estaba ahí, esperando que la vida le hable y la llamó su jefa a decirle que recuerde ir a la entrevista con el pianista al que debía hacerle una reseña para su presentación la próxima semana. Escribía en un diario para pagar las cuentas y poder mantener su independencia y libertad que tanto amaba y necesitaba y ahí estaba ella, recogiendo y metiendo todo en el bolso, que parecía bolso de Mary Poppins, de donde puede salir cualquier cosa. Había cigarrillos, dos cajas porque odiaba quedarse sin ellos en el momento de mayor ansiedad, encendedores múltiples porque es especialista para perderlos, pañitos húmedos porque odia sentir las manos sucias, crema para las manos, lápices, una mini libreta para anotar las ideas que la asaltan en los lugares menos esperados, una billetera con documentos y diez dólares siempre escondidos para casos de emergencia como un café express o un taxi. Su cartera es como su vida, un caos completo donde se disfruta en anarquía.

Mónica es alta, delgada, con un pelo larguísimo y churro hasta media espalda, siempre medio despeinada, sujetándolo con unas gafas a modo de diadema, linda, con ojos muy tristes que le dan un toque melancólico a su rostro ovalado, llega tarde a la cita en el hotel, el pianista la está esperando en el restaurante. Entra tarde, él está sentado de frente a la puerta divertido viendo a esta mujer con su bolso gigante, sambos despeinados, en un jean roto en la rodilla, blusa blanca con mangas remangadas, tropezando entre las sillas y parada frente a él como si nada hubiese sucedido extendiendo su mano y presentándose como: "la reportera que lo ha hecho esperar, pero la espera valdrá la pena", junto a una gran sonrisa que lo cautivó.

Y de esa entrevista pasaron a la mesa y de la mesa a la cama como debe ser cuando la vida no espera, cuando no tienes pendientes, cuando vives intensamente y ellos llevan veinte años viviendo como si ese día fuera el último.

Mónica acostada en la cama, sin sueño, empieza a recordar su vida juntos, han tenido grandes momentos, Ramiro ha logrado algunos reconocimientos públicos y ella ha publicado un par de novelas con mediano éxito, también han sufrido mucho, dejaron infiltrar la infidelidad alguna vez y pagaron el precio con lágrimas y un dolor que cada uno carga a su manera. Se aman, es indiscutible, es una compenetración de almas que trasciende el cuerpo, ella no necesita escucharlo para saber qué es lo que él necesita. Él la mira y sus ojos derraman dulzura, ella es su mundo, ella baila en su corazón la música que él toca para ella.

Hay momentos que son eternos, otros un leve suspiro. Hay momentos por los que vale la pena la vida y vidas que sólo valen por un momento.

La música se detiene y Mónica lo llama, le pide que venga a acostarse a su lado, no hay respuesta, se levanta y camina buscándolo y lo encuentra en el piso. Corre a levantarlo, toma su cabeza, toca su corazón, se ha ido. Grita, grita mucho, llora hasta ahogarse, no quiere moverse y lo abraza, lo abraza fuerte, fue la última mañana que la despertó con su música. Ella escuchó su primicia, su nueva composición terminada.

Ramiro sentado apacible y con una gran sonrisa le extiende la mano y mientras la aprieta con dulzura le dice a la reportera atrasada: "estoy seguro que valdrá la pena la espera y te aseguro que el tiempo que estés conmigo, también."


miércoles, 26 de junio de 2013

Helen

Helen camina despacio, fuma un marlboro rojo y piensa que debe dejar de fumar, pero no será esa noche. Tiene una nube de humo y dudas envolviéndola, se cierra mejor su suéter negro, empieza a soplar viento y parece que puede llover. Su figura menuda se escurre entre sombras por el parque donde camina dirigiéndose a su departamento, es alta, delgada, pelo larguísimo castaño, que brilla con las luces del alumbrado público. Los tacones que lleva desde la mañana la están matando, así que se detiene a sacárselos, descansar un poco y terminar el cigarrillo en paz, encuentra una banca desocupada, se sienta estirando las piernas a lo largo de ella, para que nadie pueda sentarse a su lado, es lo último que necesita: compañía no deseada.

Apoyada su espalda en el brazo de la banca, con las piernas extendidas a lo largo de todo el asiento y disfrutando las últimas bocanadas de humo, medita cómo llegó a esto? Está perdidamente enamorada de Dorian, quien al igual que el del libro, se mantiene joven y bello como hace veinte años atrás, recién empieza a notarse unas incipientes arrugas y unas poquísimas canas adornan los laterales de su cabeza, en cambio el tiempo no ha sido tan generoso con ella, sus arrugas no logran disimularse con maquillaje y al parecer los litros de crema que utiliza todas las noches y mañanas no hacen efecto, sus canas son disimuladas con un buen tinte y sus manos y cuello delatan su edad sin tener que abrir la boca.

Analizando un poco la relación en perspectiva se da cuenta que en Dorian vive una dualidad que la asusta. Ha podido identificarlos perfectamente, existe un hombre de origen sencillo, filósofo, poeta, un trovador moderno que ríe con fuerza, la abraza fuerte y la enamoró con poemas y canciones, se enamoraron. Este hombre está perdidamente enamorado de ella pero, en él habita otro hombre. Este segundo hombre es lo opuesto al primero, es un ejecutivo agresivo, obsesionado con su carrera, sus ambiciones profesionales priman sobre cualquier sentimiento, inclusive este segundo hombre la quiere, pero no la ama, para este segundo hombre ella es guapa, sexi y le gusta acostarse con ella, pero no entra en su enmarañado plan para conseguir el éxito y reconocimiento social que tanto busca.

Al principio lidiar con esta dicotomía la divertía, sentía que era un juego sexi de roles y se dejó envolver, pero ahora está aterrada. Sus cambios de ánimo varían de acuerdo a los de Dorian, lo ama profundamente casi bordeando la idolatría, pero este juego ya implica rasgos de una locura que empieza a asustarla.

De repente suena el teléfono, es Dorian preocupado porque no llega aún al departamento y la noche siempre es peligrosa para una mujer sola le dice. Ella lo calma, le explica que se detuvo a fumar y descansar un poco los pies, que en un rato estará en casa. Él le dice que no tarde, porque en el departamento hay velas encendidas, comida caliente y un hombre enamorado esperándola, ella sonríe y le dice que estará en diez minutos ahí.

Suspira, hace rato terminó su cigarrillo y no sabe si encender otro o levantarse, imagina la escena con este hombre hermoso esperándola, la sala repleta de velas y esa carne con salsa de quesos que es la especialidad de él y su favorita. Eso siempre termina con una charla deliciosa, vino, muchos besos y el postre en la habitación, sólo de imaginarlo se estremece. Es que Dorian hasta en la cama es genial, es dos hombres en uno y para esos menesteres, es una gran virtud.

Se incorpora, se calza nuevamente y decide acelerar el paso, deja para otro día dejar el cigarrillo y a Dorian, otro día resolverá el mundo, hoy va a correr a sus brazos y dejarse amar una vez más.



miércoles, 12 de junio de 2013

El alma


El alma es lo único inmortal que tiene, lo único que no perecerá en el tiempo. Ha sido educada de una manera tan conservadora que está convencida que el alma es lo único que importa cuidar.

Cuando su alma sea libre, ella podrá serlo también, ya no tendrá ataduras, no existirán compromisos ni obligaciones, podrá volar a su aire, a su ritmo, podrá respirar hondo sin temer por las reacciones de los demás, porque las miradas externas ya no importarán, su alma sin forma y sin color por primera vez será libre, ya no tendrá que aceptar y asentir cuando no desea y podrá gritar sin molestar a nadie.

domingo, 2 de junio de 2013

El cuerpo


Su cuerpo es sólo el caparazón que esconde lo que realmente es, ahí dentro están escondidos sus verdaderos pensamientos, sus sentimientos más profundos. Ahí se guardan las risas y las ganas de llorar, junto a los recuerdos más dolorosos, que su corazón decidió sepultar.

Todo está escondido dentro de ese cuerpo que se ve saludable, cuidado, sonriente, que se mueve despacio sin llamar la atención y sin querer molestar a nadie.

El cuerpo se mueve, respira, se sienta, se pone de pie, emite sonidos y se esfuerza por mezclarse con los demás cuerpos que lo rodean, pero no logra encajar.

El cuerpo está envejeciendo y siente que el tiempo empezó a correr contra reloj, está saturado de guardar, cada día le cuesta mucho seguir llevando en silencio esa carga, va a estallar en el rato menos esperado, lo siente, sabe que el tiempo se acorta y que en algún momento todo aquello que ha guardado durante muchos años, estará regado por todos lados sin ningún pudor ni control.

jueves, 23 de mayo de 2013

Sonidos y Palabras


Emiten sonidos y palabras todo el día, algunos son coherentes, otros no tanto. No existe comunicación, él está muy lejos y ella tiene una voz muy suave que no alcanza a subir hasta sus oídos.
Teme alzar la voz y que sea malinterpretada, teme que él se enoje, que lo tome por una muestra de rebeldía y la casa tiemble en una discusión que no llevará a ningún lugar que no sea el mismo de siempre: el ático de los resentimientos. 
 
Es un lugar que ella ha creado a lo largo de su relación, donde guarda todas las cosas que la lastiman, ahí están almacenados todo su resentimientos, toda su rabia, sus frustraciones, sus interminables lágrimas, todo está encerrado en grandes cajas emocionales con poderosos diálogos y  tapas de tiempo sellando todo. Sabe que algún día deberá hacer limpieza, abrir y botar esas cajas, pero por ahora las palabras se quedan atrapadas en su garganta, enredadas entre sus cuerdas bucales y su temor al cambio.

El Rito

Fue inmediato, al verse a los ojos Claudia y Antonio se reconocieron, dejaron de pensar y empezaron sólo a sentir, sus almas se habían encontrado en el momento justo para poder empezar su vida desde ese punto.

"En la entrega física hay un ritual, donde se encuentran los cuerpos para servir al otro, sin egoísmos y falsas vanidades, están ahí para darse por completo y complacer" se lo repetía Claudia constantemente, para ella el sexo no existía como tal, todo era un ritual. Las caricias son parte de este rito de adoración y entrega, que empieza como un baile de reconocimiento y besos, para luego dar paso a una lucha, donde no se quiere ganar ni imponer, sino entregarnos en esencia, con un intercambio de fluídos, de almas y emociones. Porque en cada encuentro, el espíritu se fragmenta un poco y es entregado al otro como ofrenda. 

Son descomplicados, sin apegos materiales, viven con poco pero juntos, cuando de repente logran rozarse todo cambia, su corazón calienta la sangre y empieza este rito de entrega y adoración. Claudia venera el cuerpo de Antonio como a un dios, lo besa completo, lo toca, se arrodilla y lo adora una vez más. Antonio es recíproco, la colma de placer, la besa y pasa su lengua recorriéndola y deteniéndose a ratos, hasta que ella estalla y se funden en un sólo cuerpo.

Cuando el amor es el que calienta la sangre, cuando se regresa a los ardores juveniles y  se busca la entrega como una demostración física, de los sentimientos que viven en nuestro fuero interno, entonces podemos afirmar fehacientemente, que hemos ofrecido todo, que nos entregamos por completo en cuerpo y alma, podemos sentir que nos convertimos en una sola carne que siente con un sólo corazón.

martes, 21 de mayo de 2013

Lugares

Hay lugares que evocan el pasado, otros que son generadores de recuerdos.

Hay espacios físicos que son perfectos porque cuentan con la luz indicada para resaltar los colores, donde el río brilla y refleja el atardecer de una manera tan romántica, que casi podemos sentir que estamos en medio de una postal.

Hay lugares con los que soñamos, estrechas calles adoquinadas con balcones adornados de flores multicolores y hermosos faroles de hierro forjado a las paredes.

Pero tú, eres el único lugar donde quiero estar.

martes, 14 de mayo de 2013

Emma


Emma es delgada, pelo largo bien cuidado, ojos negros tristes, grandes y bonitos. Alta para el promedio de las mujeres de su ciudad,  mide 1.70, tiene una nariz recta sobre una boca delineada, parece un perfecto dibujo dentro de su cara blanca y ovalada.

Es bailarina, tiene veintisiete años de edad y veinte, dedicados al arte, su carácter se ha ido dañando y amargando con el tiempo y las circunstancias, físicamente es delgada porque cuida mucho de mantenerse así, su cuerpo ha sido casi una obsesión por su trabajo-pasión: la danza, que es su vida.

Pero últimamente la culpa la persigue, la agobia, no puede dormir, escucha llantos de bebés, se levanta en la madrugada empapada en sudor y rompe a llorar, trata de imaginar cómo hubieran sido sus ojos, si tendría su misma nariz o una pequeñita como suelen tener los bebés al nacer.

Por el día las cosas no mejoran, siente que todos la miran, que todas las conversaciones esconden una crítica, ha perdido el apetito, se enoja con facilidad, está irritada y beligerante, casi no se reconoce a si misma. Todo se convierte en una idea fija que no desaparece, ya no puede dejar de pensar en ello y la culpa la consume, hasta su cara parece haber envejecido en estas últimas semanas.

Hace siete años Emma salió embarazada de una relación fugaz con el director de la compañía donde bailaba en esa época, un hombre mayor, casado, que no estaba dispuesto a dejar a su familia por ella. Su corazón se rompió y decidió abortar. Su carrera y su cuerpo estaban por encima de una maternidad que se le presentaba en un momento de su vida cuando sentía que sus alas podían llevarla muy lejos y no quería detenerse.

Pero ahora todo es distinto, no puede lidiar con la culpa, las voces en su cabeza, los llantos de bebé en la madrugada no la dejan en paz, su carrera ya no le importa. Ha hablado con un sacerdote, un maestro yoga y con un sicólogo, ha entrenado más duro, bailar hasta caer exhausta, hasta trató de empezar a escribir, pero nada calma ese sentimiento que la está matando un poco cada día, quiere retroceder el tiempo, volver a ese día, no se perdona, no logra aceptar que en ese momento eso era justo lo que su egoísmo quería.

Camina, divaga realmente por las calles, llorando, pensando y recordando, no se siente digna de la vida, se siente una asesina, no vale la pena vivir así piensa y un día se decide, su vida, por la vida que mató. Sale a la farmacia a comprar un frasco de pastillas para dormir, regresa decidida a su casa, lo ingiere todo y empieza a soñar, el viaje ha comenzado.

De repente se ve a ella misma entrando en un hermoso salón dorado, resplandeciente, ella está vestida toda de blanco y un ángel le entrega a su bebé. La bebé está llorando, pero al tomarla entre sus brazos se calma, la mira sorprendida y sonríen las dos. Hay música, una melodía dulce que la abraza y Emma abraza a su pequeña, empieza a bailar cargándola  y se funden en un baile eterno lleno de paz.

martes, 7 de mayo de 2013

Las Hadas

En medio de torbellinos de agua que se precipitan unos contra otros, entrelazándose a ratos, chocando estrepitosamente y volviéndose más grandes y furiosos, dos hadas de amor, van volando apresuradas, asustadas y preocupadas de no mojar sus alas, son madre e hija. 

Esa mañana estaba soleada, Victoria había invitado a Remedios a dar una vuelta por la ciudad, la pequeña estaba muy ilusionada, eligió su traje violeta tornasol y sus zapatillas que le hacían juego. Remedios admira de sobremanera a su madre, un hada fuerte y decidida aunque pocas veces cariñosa, no es que no la amara más que a su vida, es sólo que Victoria no sabe cómo demostrarlo, nunca se lo enseñaron y las pocas veces que abrió su corazón siempre salió lastimada, adora a su pequeña, no quiere que sienta lo mismo que ella, pero no encuentra la manera de acercarse, ha encontrado en las enseñanzas del mundo de las hadas una forma de estar cerca de Remedios y a través del aprendizaje de las labores cotidianas, está creando un camino de unión con ella. 

Victoria es estricta de voz potente, pocas veces sonríe, tiene un rostro hermoso con rasgos dibujados por la reina de la creación, sus ojos pequeños alineados a su nariz respingada, cejas tupidas y arqueadas, una boca delineada color rosa, contrastan con su semblante adusto, siempre con una expresión de desazón que a ratos asusta a la pequeña Remedios que trata de agradarla en cada cosa que emprende, siempre comprendiéndola aunque no entiende ¿por qué no puede sonreír?. Las pocas veces que Remedios logra sacar una sonrisa de Victoria su mundo se llena de colores y las mariposas vuelan a su alrededor.

Estaban tomadas de las manos, mientras volaban, Victoria olvidaba todas sus amarguras, el viento agitando su pelo, acariciando su rostro, a ratos cerraba los ojos, sólo para disfrutar el momento, regresaba a ver a Remedios y viéndola feliz, ella era feliz a su manera, esta pequeña es su rayito de sol.

Hacían el recorrido habitual sobre plantaciones de rosas, hermosos océanos, aldeas vecinas y justo cuando ya regresaban a casa sobrevolando un hermoso río, algo las detiene, el cielo se había tornado gris azulado, el viento se tornó violento, Victoria agarró fuertemente la mano de Remedios, había que salir de ahí, buscar un lugar seguro, los torbellinos de agua eran muchos y gigantes, a veces se fusionaban entre ellos imponentes, aterrorizando a Remedios quien ahora no paraba de llorar, Victoria muy seria, decidía en segundos su destino, logró avizorar un muelle, estaba aterrada pero debía trasmitir calma y seguridad a su pequeña quien sólo atinaba a asentir con la cabeza cuando Victoria le peguntaba a gritos si estaba bien mientras la halaba a toda velocidad, su corazón latía a mil por hora, el agua no puede mojar sus alas o quedarán imposibilitadas de volar por un buen tiempo, Remedios no ha comido, pronto caerá la noche y la oscuridad nunca es segura para ellas.




jueves, 18 de abril de 2013

Volver a empezar

Está cansada, se le terminaron las fuerzas, se quedó vacía, lo amó hasta la última gota de su paciencia pero ya se terminó, ya no aguanta más sus vaivenes emocionales y su inseguridad, su falta de tiempo terminó y desgastó todo.

Las frases repetitivas, las exigencias de comprensión, la actitud derrotista y las pocas ganas de iniciar un proyecto juntos la agotaron. Le da pena, quería quedarse ahí con él, pero nuevamente le toca levantar el vuelo, nuevamente prepara maletas, guarda las sonrisas y los poemas, dejando en el suelo los "quiero pero no puedo", se arregla el pelo, se pone un vestido negro porque hoy está de luto, porque hoy murió su esperanza en esta relación, hoy aceptó que no hay nada que hacer.

Hoy le dice adiós sin lágrimas, ya las agotó todas, ya se murieron sus sonrisas, él se las devolvió y él las mato. Nuevamente va a empezar, con unas heridas adicionales, con el corazón medio lastimado pero sonríe un poco y piensa que en algún lugar está esperándola su verdadero amor, en el momento menos esperado llegará a su vida esa persona que siempre encontrará tiempo para ella, aquel que sólo vivirá para hacerla sonreír y quien la tendrá como prioridad. Esta vez está segura y la idea la tranquiliza. 

Alta, con piernas eternas saliendo del vestido, se sube en unos tacones, segura y altiva que esta vez no mirará hacia atrás, rompe el retrovisor y sólo se proyecta hacia el futuro que aunque incierto, es mejor que el pasado ya conocido.

Nada es por casualidad, todo siempre pasa por causalidad, todo está perfectamente diseñado para que la finalidad última sea la felicidad, se lo repite y encuentra calma.

Ella a decidido ser feliz.

martes, 16 de abril de 2013

Violeta

Sube las escaleras a toda prisa, le tiemblan las piernas de la emoción, su corazón late tan fuerte que teme se le salga del pecho, Violeta sabe que al llegar estará él esperándola, lo ama con todas sus fuerzas, se arregla para gustarle, aunque es guapa nunca se siente como tal, su pelo largo se mueve mientras ella salta de dos en dos los escalones, casi le cuesta disimular su ansiedad. Mientras sube viene a su memoria todas las veces que se suscita un encuentro, todos son especiales para ella, verlo, el sólo hecho de verlo ya vale la pena, ella ha visto y conocido hombres hermosos, altos de abundante pelo negro y ojos azules como el cielo, rubios como el sol, dueños de un bronceado envidiable y dientes perfectos, unos con cuerpos espectaculares y otros dueños de una simpatía irrebatible, pero ninguno se compara a este hombre que está esperándola al final de la escalera.

No es alto, está perdiendo pelo, ni siquiera es joven, pero Violeta está enamorada, se quedó perdida en sus ojos, siente una admiración que bordea la adoración, lo ama, lo comprende, lo justifica, lo entiende todo inclusive aquello que no tiene justificación ni explicación. Sube agitada, llega y lo busca con la mirada, usualmente él está cerca, esperándola con esa mirada profunda que la derrite, que la envuelve y la mantiene cada día más enamorada.

Sigue caminando por el malecón y mira el reloj, asume que se atrasó, él vive ocupado y ella agradece los minutos que de vez en cuando, un rato a la semana él le regala, ella comprende y lo justifica. Un poco preocupada sigue caminando en círculos, trata de llamarlo pero no hay respuesta.

No habrá respuesta, no va a llegar, él decidió dejarla y se marchó sin decir nada, espera que ella lo deduzca, que resuelva sola ese problema, él no tiene tiempo para seguir perdiendo, esta vorágine de amor, pasión y entrega ya lo aburrió, ya pasó el entusiasmo, ahora lo ahoga, lo que antes le encantaba de ella ahora lo agobia. Su trabajo lo consume demasiado y esta diversión se empezó a volver intensa, Violeta empezó a querer más tiempo, no se lo dice, pero él no es tonto y no es la primera Violeta de su vida, así que ya sabe cómo terminará y no tiene ganas ni tiempo.

"Somos ladrones del tiempo, porque robamos minutos que el destino nos niega" solía decirle Violeta en éxtasis de amor por él, pero se acabó, le da un poco de pena imaginarla llorando sola al darse cuenta que él no aparecerá en la cita de la semana. Siente lástima, pero se calma, nadie muere de amor, ella estará bien en algún momento y él volverá a encontrar otra Violeta

La vida siempre continúa, no espera a nadie.





miércoles, 3 de abril de 2013

Misha

Misha está triste, tiene nueve años aproximadamente pero está triste, tiene una cara preciosa, perfecta, lo sabe porque se lo repiten a menudo pero está triste, la belleza puede doler mucho, quisiera tantas veces ser fea y poder estar con los que ama; tiene un pelo precioso negro y largo que vuela al ritmo del viento y ella ríe cuando esto pasa, ahí se siente libre y feliz, pero hoy su cabello no baila con el viento, hoy está recogido en unos lazos amarillos cuidadosamente peinados y entrelazados en largas trenzas recogidas, está usando su mejor vestido y sin embargo está triste pero no va a llorar, acepta su realidad aunque le duele, ha decidido no pensar.

Sube al bus, busca un asiento vacío y mira por la ventana, logra divisar unos amigos con los que solía jugar y trata de sonreír pero no puede. Nadie fue a despedirla, a nadie le da pena, nadie la extrañará, fue vendida por sus padres y ese bus la llevará a su nuevo destino, lo desconoce, siente miedo, pero no discute, acepta el destino, respeta sus designios, pero está triste.