jueves, 23 de mayo de 2013

Sonidos y Palabras


Emiten sonidos y palabras todo el día, algunos son coherentes, otros no tanto. No existe comunicación, él está muy lejos y ella tiene una voz muy suave que no alcanza a subir hasta sus oídos.
Teme alzar la voz y que sea malinterpretada, teme que él se enoje, que lo tome por una muestra de rebeldía y la casa tiemble en una discusión que no llevará a ningún lugar que no sea el mismo de siempre: el ático de los resentimientos. 
 
Es un lugar que ella ha creado a lo largo de su relación, donde guarda todas las cosas que la lastiman, ahí están almacenados todo su resentimientos, toda su rabia, sus frustraciones, sus interminables lágrimas, todo está encerrado en grandes cajas emocionales con poderosos diálogos y  tapas de tiempo sellando todo. Sabe que algún día deberá hacer limpieza, abrir y botar esas cajas, pero por ahora las palabras se quedan atrapadas en su garganta, enredadas entre sus cuerdas bucales y su temor al cambio.

El Rito

Fue inmediato, al verse a los ojos Claudia y Antonio se reconocieron, dejaron de pensar y empezaron sólo a sentir, sus almas se habían encontrado en el momento justo para poder empezar su vida desde ese punto.

"En la entrega física hay un ritual, donde se encuentran los cuerpos para servir al otro, sin egoísmos y falsas vanidades, están ahí para darse por completo y complacer" se lo repetía Claudia constantemente, para ella el sexo no existía como tal, todo era un ritual. Las caricias son parte de este rito de adoración y entrega, que empieza como un baile de reconocimiento y besos, para luego dar paso a una lucha, donde no se quiere ganar ni imponer, sino entregarnos en esencia, con un intercambio de fluídos, de almas y emociones. Porque en cada encuentro, el espíritu se fragmenta un poco y es entregado al otro como ofrenda. 

Son descomplicados, sin apegos materiales, viven con poco pero juntos, cuando de repente logran rozarse todo cambia, su corazón calienta la sangre y empieza este rito de entrega y adoración. Claudia venera el cuerpo de Antonio como a un dios, lo besa completo, lo toca, se arrodilla y lo adora una vez más. Antonio es recíproco, la colma de placer, la besa y pasa su lengua recorriéndola y deteniéndose a ratos, hasta que ella estalla y se funden en un sólo cuerpo.

Cuando el amor es el que calienta la sangre, cuando se regresa a los ardores juveniles y  se busca la entrega como una demostración física, de los sentimientos que viven en nuestro fuero interno, entonces podemos afirmar fehacientemente, que hemos ofrecido todo, que nos entregamos por completo en cuerpo y alma, podemos sentir que nos convertimos en una sola carne que siente con un sólo corazón.

martes, 21 de mayo de 2013

Lugares

Hay lugares que evocan el pasado, otros que son generadores de recuerdos.

Hay espacios físicos que son perfectos porque cuentan con la luz indicada para resaltar los colores, donde el río brilla y refleja el atardecer de una manera tan romántica, que casi podemos sentir que estamos en medio de una postal.

Hay lugares con los que soñamos, estrechas calles adoquinadas con balcones adornados de flores multicolores y hermosos faroles de hierro forjado a las paredes.

Pero tú, eres el único lugar donde quiero estar.

martes, 14 de mayo de 2013

Emma


Emma es delgada, pelo largo bien cuidado, ojos negros tristes, grandes y bonitos. Alta para el promedio de las mujeres de su ciudad,  mide 1.70, tiene una nariz recta sobre una boca delineada, parece un perfecto dibujo dentro de su cara blanca y ovalada.

Es bailarina, tiene veintisiete años de edad y veinte, dedicados al arte, su carácter se ha ido dañando y amargando con el tiempo y las circunstancias, físicamente es delgada porque cuida mucho de mantenerse así, su cuerpo ha sido casi una obsesión por su trabajo-pasión: la danza, que es su vida.

Pero últimamente la culpa la persigue, la agobia, no puede dormir, escucha llantos de bebés, se levanta en la madrugada empapada en sudor y rompe a llorar, trata de imaginar cómo hubieran sido sus ojos, si tendría su misma nariz o una pequeñita como suelen tener los bebés al nacer.

Por el día las cosas no mejoran, siente que todos la miran, que todas las conversaciones esconden una crítica, ha perdido el apetito, se enoja con facilidad, está irritada y beligerante, casi no se reconoce a si misma. Todo se convierte en una idea fija que no desaparece, ya no puede dejar de pensar en ello y la culpa la consume, hasta su cara parece haber envejecido en estas últimas semanas.

Hace siete años Emma salió embarazada de una relación fugaz con el director de la compañía donde bailaba en esa época, un hombre mayor, casado, que no estaba dispuesto a dejar a su familia por ella. Su corazón se rompió y decidió abortar. Su carrera y su cuerpo estaban por encima de una maternidad que se le presentaba en un momento de su vida cuando sentía que sus alas podían llevarla muy lejos y no quería detenerse.

Pero ahora todo es distinto, no puede lidiar con la culpa, las voces en su cabeza, los llantos de bebé en la madrugada no la dejan en paz, su carrera ya no le importa. Ha hablado con un sacerdote, un maestro yoga y con un sicólogo, ha entrenado más duro, bailar hasta caer exhausta, hasta trató de empezar a escribir, pero nada calma ese sentimiento que la está matando un poco cada día, quiere retroceder el tiempo, volver a ese día, no se perdona, no logra aceptar que en ese momento eso era justo lo que su egoísmo quería.

Camina, divaga realmente por las calles, llorando, pensando y recordando, no se siente digna de la vida, se siente una asesina, no vale la pena vivir así piensa y un día se decide, su vida, por la vida que mató. Sale a la farmacia a comprar un frasco de pastillas para dormir, regresa decidida a su casa, lo ingiere todo y empieza a soñar, el viaje ha comenzado.

De repente se ve a ella misma entrando en un hermoso salón dorado, resplandeciente, ella está vestida toda de blanco y un ángel le entrega a su bebé. La bebé está llorando, pero al tomarla entre sus brazos se calma, la mira sorprendida y sonríen las dos. Hay música, una melodía dulce que la abraza y Emma abraza a su pequeña, empieza a bailar cargándola  y se funden en un baile eterno lleno de paz.

martes, 7 de mayo de 2013

Las Hadas

En medio de torbellinos de agua que se precipitan unos contra otros, entrelazándose a ratos, chocando estrepitosamente y volviéndose más grandes y furiosos, dos hadas de amor, van volando apresuradas, asustadas y preocupadas de no mojar sus alas, son madre e hija. 

Esa mañana estaba soleada, Victoria había invitado a Remedios a dar una vuelta por la ciudad, la pequeña estaba muy ilusionada, eligió su traje violeta tornasol y sus zapatillas que le hacían juego. Remedios admira de sobremanera a su madre, un hada fuerte y decidida aunque pocas veces cariñosa, no es que no la amara más que a su vida, es sólo que Victoria no sabe cómo demostrarlo, nunca se lo enseñaron y las pocas veces que abrió su corazón siempre salió lastimada, adora a su pequeña, no quiere que sienta lo mismo que ella, pero no encuentra la manera de acercarse, ha encontrado en las enseñanzas del mundo de las hadas una forma de estar cerca de Remedios y a través del aprendizaje de las labores cotidianas, está creando un camino de unión con ella. 

Victoria es estricta de voz potente, pocas veces sonríe, tiene un rostro hermoso con rasgos dibujados por la reina de la creación, sus ojos pequeños alineados a su nariz respingada, cejas tupidas y arqueadas, una boca delineada color rosa, contrastan con su semblante adusto, siempre con una expresión de desazón que a ratos asusta a la pequeña Remedios que trata de agradarla en cada cosa que emprende, siempre comprendiéndola aunque no entiende ¿por qué no puede sonreír?. Las pocas veces que Remedios logra sacar una sonrisa de Victoria su mundo se llena de colores y las mariposas vuelan a su alrededor.

Estaban tomadas de las manos, mientras volaban, Victoria olvidaba todas sus amarguras, el viento agitando su pelo, acariciando su rostro, a ratos cerraba los ojos, sólo para disfrutar el momento, regresaba a ver a Remedios y viéndola feliz, ella era feliz a su manera, esta pequeña es su rayito de sol.

Hacían el recorrido habitual sobre plantaciones de rosas, hermosos océanos, aldeas vecinas y justo cuando ya regresaban a casa sobrevolando un hermoso río, algo las detiene, el cielo se había tornado gris azulado, el viento se tornó violento, Victoria agarró fuertemente la mano de Remedios, había que salir de ahí, buscar un lugar seguro, los torbellinos de agua eran muchos y gigantes, a veces se fusionaban entre ellos imponentes, aterrorizando a Remedios quien ahora no paraba de llorar, Victoria muy seria, decidía en segundos su destino, logró avizorar un muelle, estaba aterrada pero debía trasmitir calma y seguridad a su pequeña quien sólo atinaba a asentir con la cabeza cuando Victoria le peguntaba a gritos si estaba bien mientras la halaba a toda velocidad, su corazón latía a mil por hora, el agua no puede mojar sus alas o quedarán imposibilitadas de volar por un buen tiempo, Remedios no ha comido, pronto caerá la noche y la oscuridad nunca es segura para ellas.