miércoles, 13 de marzo de 2013

Carmela

Carmela es hija del mar, nació a sus orillas y lo lleva en las venas, por eso mientras lo mira y admira, encuentra paz, cada ola trae una historia de su vida, cada espuma un final, sus matices y su fuerza, todo es reflejo de su personalidad.

Recuerda vagamente la primera vez que lo vio imponente, infinito y majestuoso, era muy pequeña, apenas caminaba, su mundo era muy pequeño y de repente lo tuvo frente a ella, sus ojos no podían creerlo, su boca se abrió sorprendida lanzando una exclamación de sorpresa y admiración, ahí empezó este amor que  ha crecido con los años, ahora que es una mujer con cuatro décadas y un poco más encima, mantienen una conexión especial, es ella y él, son uno.

El mar ha sido testigo de muchas risas infantiles, compañero fiel escuchando los reclamos al viento durante la adolescencia, confidente de tantas lágrimas como olas, cómplice en su llegada a la adultez y ahora juega con sus hijos, los ama porque la ama; El paso del tiempo se nota claramente en su cuerpo, que aunque sigue delgado va perdiendo la firmeza de los primeros años, su cara tiene rasgos fuertes, pómulos pronunciados y una mirada intensa, a través de esos ojos negros enormes ahora bordeados por arrugas, pero su espíritu sigue intacto, su pasión por la vida y por encontrar siempre lo positivo de cada situación, se mantiene.


Carmela es un mar tormentoso, rebelde frente a lo impuesto por cualquiera que no sea ella, va contra corriente, tuvo los hijos que quiso con aquellos hombres que amó, pero nunca lo suficiente como para envejecer junto a ellos, la música la envuelve, la pintura es su desfogue natural, lee mucho porque le gusta vivir una vida diferente cada día, encuentra calma en una tarde de agosto, sentada en la arena, su pelo sambo y largo moviéndose al ritmo que el viento toca, Carmela ríe con fuerza porque ya lloró con desconsuelo. 

Tiene la idea fija que morirá pronto ergo vive cada día sin arrepentirse de lo que dice, porque dice lo que piensa, aunque muchas veces no piensa lo que dice; no cuenta con un mañana, su ancla es el mar, en él encuentra la energía para seguir ese ritmo de vida sin norte, viviendo por vivir, haciendo por hacer, un día a la vez.

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