miércoles, 4 de noviembre de 2015

Dicotomías

Nunca recuerdo cómo llegué ni quién abrió la puerta, pero ahí estoy. Lo único que tengo claro es que mi presencia es absolutamente esperada y lícita, pero no puedo evitar la sensación de angustia que genera el estar en casa de mi ex amante.

Empiezo a caminar por la sala de paredes blancas con muebles del mismo color y piso de madera, me fijo en las fotos; hay por doquier imágenes de ellos, de ella con los niños o de él riendo, todos siempre ríen y recuerdo cuando él también reía conmigo, pero eran risas ahogadas, que quedaban muriendo sin luz, dentro de la habitación de algún hotelucho. Risas que se apagaban al abandonar el lugar.

Avanzo un poco más y me llama la atención un jardín interior con grandes plantas, tienen un árbol de mango y muchas orquídeas, veo una escultura extravagante de madera y creo que el gusto de ella es un poco cuestionable pero al fin y al cabo, lo eligió a él y en su momento yo también, así que prefiero evitar sentenciarla.

Sigo caminando hasta llegar al comedor, un lugar lleno de luz en tonalidades ocre, con una gran lámpara de cristal y muchos cuadros de pintores desconocidos y otros muy famosos. Todo es impecable, el piso de madera contrasta con las cortinas blancas que dejan entrever un patio adornado con antorchas, el ambiente tiene una fragancia que no logro reconocer, pero es muy agradable y acogedora, me detengo un rato a disfrutar la suave música de fondo. Pienso en todas las conversaciones sobre sus carencias económicas de niño e imagino lo feliz que debe estar ahora, rodeado de tantas comodidades. Continúo con mi escrutinio visual hasta que finalmente lo veo sentado al final de una gran mesa y rodeado de muchos invitados. Se levanta con todos los ademanes propios de un amable anfitrión; está más bello de lo que recordaba, lleva puesto una chaqueta ajustada que denota su figura bien cuidada y esculpida, si pienso mucho tiempo en su espalda y brazos, todavía recorre un escalofrío por todo mi cuerpo. Me toma por el codo y me lleva a un puesto cercano al suyo donde la tengo a ella frente a mí.

Por alguna razón no me incomoda la situación y disfruto una velada agradable, no recuerdo qué sirven ni de qué hablamos, pero recuerdo risas entrelazadas en una despreocupada alegría.

Tengo lagunas mentales. Lo siguiente que recuerdo es encontrarme a solas con ella en el patio ubicado sobre una colina. Es enorme, tiene césped, cancha de fútbol y una piscina con jacuzzi; es extraño –y se lo comento- que de un lado se pueda apreciar la belleza de la ciudad y en el otro extremo hay una carretera vieja donde algunas volquetas siguen transitando, generando mucho polvo y ruido.

-La vida y sus contrastes, es su respuesta, y prefiero no seguir charlando sobre el tema. No sé si ella esté al tanto de mi paso por la vida de él, asumo que sí, pero no quiero preguntar.

Ella empieza a hablar de dolencias físicas, me confiesa una enfermedad que la agobia; no entiendo sus razones para una intimidad que me resulta repelente e irritante. Por un momento mientras habla y se queja, siento tanta lástima que quiero abrazarla, me despierta un profundo sentimiento de amor y ternura, la encuentro tan desvalida pese a ser una mujer alta y gruesa; la imagino llorando todas las noches que él inventaba un coctel para encontrarse conmigo, pero intuyo que el contacto físico es inapropiado, considerando que durante muchos años a quien abracé fue a su marido.

La sigo escuchando en silencio, trato de hacerla sentir mejor con un par de chistes sobre médicos y enfermeras, pero es aquí cuando todo se vuelve una neblina llena de imágenes que no logro ordenar ni entender. Me despierto sudando y jadeando, este sueño recurrente me persigue desde que terminé esa relación. Sé que debe tener un significado, pero no logro encontrarlo aún.


Con todo el ruido que he armado, mi esposa se despierta, me abraza y susurra que todo está bien. Cierro los ojos, me aprisiono a su cuerpo y trato de volver a dormir mientras ella me acuna y besa mi frente. Las noches son complicadas para mí, vivo atrapado en un laberinto de pesadillas y dicotomías.


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