sábado, 23 de agosto de 2014

Mejoría de la muerte

Creo que no me quedaré al resto del concierto, el teatro está lleno y será un rollo la salida, además ya es de noche y debo tomar un bus para ir a casa. Me levanto, pido disculpas para salir de mi asiento, paso rozando piernas, un pisotón por ahí, unos "disculpe" por allá y estoy fuera. Ahh ¡qué rica noche! Corre un viento espectacular y la luna llena ilumina la noche, lo malo es que debo caminar algunas cuadras hasta la parada de bus y no se ve un alma en las calles, bueno, espero que no pase nada.

-¡mamita! ¿tan rica y tan sola? Esa frase me hiela la sangre, un hombre ha aparecido de la nada y está caminando detrás de mi, dios mío, ¿por qué me puse tacones?. Apuro el paso y este hombre lo apura también.

-¿Encima de rica eres sorda? Si caminas sola por estas calles es que estás buscando que un macho como yo te acompañe y llene tus vacíos mami. No quedarás defraudada. 

Estoy aterrorizada, empiezo a correr y él corre detrás de mí, me meto en calles sin ver, sólo corro desesperada hasta que en un portal creo reconocer a alguien.

-¡Domitilaaa!! ¡Domitilaaa! soy Florencia, Florenciaaa, ¡¡ayúdeme!!

Domitila se voltea, gracias a Dios era ella, una mujer negra, enorme en alto y ancho, primero frunce el ceño, luego me reconoce y corre a mi encuentro.

-¡Entre niña Florencia! y enfrenta a mi perseguidor -¡Fuera mina, deja de fastidiar, no asustes a mi niña! le espeta mientras con su mano gigante le da un empujón. Como perro vago se da la vuelta "El mina" pero antes lanza un escalofriante -Tranquila mami, te voy a estar esperando por aquí...

Entré y me quedé sentada en el primer escalón de la imponente escalera de madera llena de molduras. Es una casa hermosa, antigua, con piso de madera, paredes blancas y molduras en todo el techo, tenía casi veinte años sin entrar, pensé que ya nadie vivía aquí. Me levanto al ver entrar a Domitila y me lanzo a abrazarla. -gracias mi Domi, gracias, no sé que hubiese pasado si no te encontraba. 

-Ya no piense eso, no pasó nada niña, ¿qué hacía usted por aquí y sola? No me da tiempo de empezar a hablar y escucho una voz desde el piso de arriba.

-Domi, ¿cuál es el escándalo? Lo veo bajar y casi se paraliza mi corazón, no ha cambiado nada, Alejandro sigue tan hermoso como la última vez que lo vi. Su pelo castaño hasta los hombros, con ese flequillo despeinado sobre uno de sus ojos, la barba espesa que ahora pinta algunas canas mantiene ese look bohemio que me fascinaba; baja descalzo, con un jean y una camiseta blanca, de esas que algunos hombres usan como camiseta interior, él las usa para andar por casa marcando brazos definidos y el pecho al que tantas veces me abracé. Me ve y no puede disimular su sorpresa, se acerca, me sonríe y claro, los cuestionamientos son inevitables.

-¿Florencia? ¿eres tú? ¿Qué haces aquí? No es que me moleste tu presencia, en lo absoluto, es sólo que no te veo hace más de quince años y de repente estás aquí frente a mi.

Empiezo a explicar que estaba en el teatro viendo un concierto y que decidí irme más temprano para evitar las aglomeraciones propias de la salida, que empecé a andar, buscando la parada del bus hasta que me interceptó "el mina" (ahora sé cómo se llama) y que tratando de escapar di vueltas hasta que de casualidad vi a la Domitila. Les dije que yo juraba que en esa casa ya no vivía nadie desde que don Julio y doña Marianita fallecieron, les dije que estaba muy nerviosa y mareada por los últimos acontecimientos, que realmente para mi era una experiencia de lo más surrealista estar ahí con ellos, como si hubiese hecho un viaje al pasado. Con esta última frase Alejandro suelta una carcajada y otra vez sus dientes perfectos brillan en medio de esos labios carnosos, le pide a Domitila que nos preparé un té y unas empanadas de verde para pasar el susto.

La Domi se va a la cocina y nosotros subimos por la escalera imponente, de belleza antigua muy bien mantenida, hasta llegar a los salones amplios con grandes ventanales y un balcón que da hacia el jardín interior. La luz de la luna se filtra por los ventanales desde la calle, dando un ambiente de lo más acogedor a este encuentro inesperado. Alejandro tan dueño de sí mismo como siempre, sube primero para acomodar unos almohadones y lo veo caminar con ese andar de caderas basculantes que siempre me ha parecido tan sexi, nunca he vuelto a encontrar a alguien que camine igual. Él nota que lo estoy mirando y a propósito camina un poco más, me siento en uno de los muebles y le pregunto por su vida, quiero saber cómo volvió a vivir en esta casa que según yo, estaba abandonada. Alejandro hace repaso de su vida. Sigue pintando, vivía en un departamento en el centro de la ciudad pero al morir sus padres él heredó la casa y la Domitila pidió quedarse con él por lo que veinte años después, está todo como lo conocí.

-¿Y la Laurita? ¿te casaste con ella finalmente? le suelto a quemarropa la pregunta conociendo de antemano la respuesta.

-Si. responde sin más.

-Me imaginé, si hubiera seguido contigo tendríamos quince años de amantes, eres de temer, un verdadero personaje.

-Así veo, me he encontrado en algunos de tus relatos. Dice esto y sonríe maliciosamente mientras cruza una pierna y se apoya en el brazo del sillón donde eligió sentarse, justo frente a mí.

-¿Ahora si me lees? ¡qué bueno! cuando estábamos juntos nunca me leías, no leíste ni un sólo de los libros que te regalé y todas mis tarjetas de cumpleaños las botabas a la basura. 

-Si te leía, pero no con la frecuencia que tu querías. 

-No pasa  nada, no discutamos, cuéntame de Laurita. Lo último que supe de ustedes es que luego de nuestro rompimiento se hicieron novios y siendo novio de ella me pediste volver, estuvimos así unos meses hasta que se terminó todo.

- No se terminó, tú me dejaste

-Tenías novia Alejandro ¿qué podía hacer?

Se incorpora, hace una mueca, evidentemente el tema no le agrada pero a mi me importa muy poco, yo ya superé esto y de repente la vida me ha traído de regreso a este punto donde lo dejamos hace muchos años atrás. Es un diálogo pendiente.

Me cuenta que luego de que nosotros cortamos el contacto, ellos siguieron unos pocos años más y luego se casaron. Que él siguió con su pintura y exposiciones solventadas muchas veces por ella y otras tantas por mecenas aleatorios. Que a ella le fue muy bien en una transnacional y que hace un par de años le hicieron el pase a Francia, pero que él decidió quedarse acá.

-¿Y entonces? ¿tienes un matrimonio a control remoto vía skype? Suelta una carcajada, tira hacia atrás su cabeza y me explica que efectivamente todas las noches conversan vía skype y que cada mes, ella le envía un ticket para que le haga "visita conyugal", pasean por Europa y luego cada cual de regreso a sus vidas, que ella envía dinero todos los meses y paga todas las cuentas de la casa.

- Claro, no quiere perderte, aceptará cualquier condición con tal de mantenerte con ella, es que con esa altura y anchura, lo único que la Laurita levanta en Francia, será su trasero de algún brasero... 

-¡Florencia basta! no seas perversa.

-Perversa, jajaja hace mucho tiempo que no escuchaba esa palabra, no soy perversa, pero seamos realistas pues, además, deberías irte con ella, Francia es un gran lugar para un pintor como tú. En fin. Allá ustedes y su matrimonio bizarro, porque fiel no has de ser, si algo te conozco es la debilidad que tienes por las mujeres, recuerdo cuando te descubría una infidelidad y sacabas la emblemática frase "mejor mujeriego que maricón" y me hacías llorar de frustración.

Cortamos el diálogo, en parte por la interrupción de la Domitila con el té y las empanadas y en parte también porque vuelvo a sentir cosas que pensé, ya estaban olvidadas. Empezamos a conversar sobre "el mina" un vago del barrio que todos asumen inofensivo con los del lugar pero que tiene unas leyendas urbanas de temer. La Domitila propone llamar a su hijo que trabaja en las noches como taxista para que me lleve a casa. Apruebo la propuesta y quedamos en esperar que la Domi haga la gestión.

-¿Qué pasó contigo cuando me dejaste? me pregunta Alejandro con la soltura de huesos que lo caracteriza, como si la pregunta fuera de lo más obvia y creo que lo era, pero la respuesta no.

-Me interné un mes en una clínica de reposo, estuve los cuatro primeros días sedada y luego hice terapia para evitar caer en depresión. Estuve en mi loony place personal. Ahí conocí grandes personajes y algunas historias. Mi tío Pancho el doctor ¿lo recuerdas? él me lo recomendó. ¿Qué te parece?

-Uhm. ¿De ahí salió tu cuento de relatos "Desde el silencio"?

-¡Efectivamente pintor! ahora si me lees de verdad ¡eh!

Se acerca hasta donde estoy sentada y se arrodilla a mi lado, de tal forma que su cara queda a la altura de la mía, se acerca y casi en un susurro me pide que me quede a dormir. Me levanto indignada o simulando indignación, han pasado tantos años y las cosas nunca serán diferente, él casado y yo tranquila. no vale la pena.

- ¿Sabes que es la "mejoría de la muerte"? le pregunto mientras camino por el salón. Él niega con la cabeza, le explico que es un término para explicar la pseuda mejora de un paciente terminal antes de morir. Le cuento que desde la filosofía, la medicina o la religiosidad hay algunas hipótesis que hablan de ese tiempo como el momento que el paciente tiene para despedirse, prepararse para lo que se viene o tomar energía para la siguiente vida. Alejandro me mira incrédulo mientras hago mi larga explicación.

-¿Recuerdas nuestras dos últimas semanas previo a cortar la relación y el contacto?

-¡Claro! ¿Cómo olvidarlas? Volvimos a ser lo que fuimos, a todo nivel, estabas feliz Flo, radiante, no hubo reclamos, los mejores encuentros sexuales fueron en esas dos semanas, todo fluía, todas las palabras eran certeras, no hubo malos entendidos. Nunca entendí por qué luego de haber estado tan bien, decidieras dejarme.

-Esas dos semanas fueron nuestra mejoría de la muerte, nuestra relación estaba agonizando y esas dos semanas fueron la antesala a su muerte definitiva. ¿Por qué terminé? porque eres un mujeriego contumaz, porque me mentías, porque seguías con Laurita y conmigo jugando a dos bandos. Porque me utilizabas para presumir con tus amigos y usabas a Laurita para que te ayude a relacionarte socialmente, te encantaba que ella tuviera su cuenta corriente abierta a tu disposición y necesidad. Porque nunca quisiste realmente tener una vida conmigo. Porque no había coherencia entre tus palabras y tus acciones. Eres el amor de mi vida y mira que lo hablo en presente. Siempre lo serás, pero no puedo permitirte volver a entrar en mi vida. Me hiciste todo el daño que alguien puede hacerle a otro. No quiero más.

En eso entra la Domitila nuevamente, el taxi ha llegado. Alejandro me toma del brazo, me acerca y me dice en el oído que debemos seguir hablando, le aclaro que no. Todo lo que faltaba por hablar, lo acabamos de hablar. Se acerca nuevamente y me abraza esta vez, me dice al oído que todas las noches dejará una luz encendida en señal de que siempre me esperará. Le respondo que mejor espere a la Laurita o se vaya a Francia. Logro soltarme delicadamente, me despido con un beso en la mejilla de los dos, les agradezco su hospitalidad y les dejo todas mis bendiciones y buenos deseos, bajo la escalera y me marcho en el taxi.


- ¿La niña Florencia regresará?
- Lo dudo
- ¿La volvió a perder?
- Si








1 comentario:

  1. Muy buena narración, expresiva, y contundente; y no deja margen, para su cierre final.

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