jueves, 3 de julio de 2014

Chaba

Son las seis de la mañana y no ha hecho falta que suene el despertador, no he dormido nada de la emoción, no puedo creer que Chaba me haya escrito, peor aún, no puedo creer que yo la haya llamado y tengamos ¡un cita a las once! ¿Cita? bueno, yo quiero creer que es una cita. Caramba es que han pasado treinta años desde que la conocí y veinte, desde la última vez que nos vimos, sin embargo todavía me tiemblan las piernas y se me abulta la entrepierna de pensar en ella. Es que Chaba tiene lo suyo, me acuerdo que la conocí en Salinas, ella usaba un bikini que contrastaba con su piel bronceada, nunca fue muy alta, pero con su metro sesenta se defendía, además le encantaba subirse en tacones que a veces parecía de mi altura y yo soy un hombre alto. Volviendo a ella, la recuerdo caminando junto a otras chicas, cabello rubio, ojos verdes que me mataron desde la primera vez, cuando me miraron haciendo un guiño y sus dientes blanquísimos, eso siempre me llamó la atención en ella, el cuidado que le daba a sus dientes. Tenía quince años igual que yo, eso lo descubrí a través de amigos en común, porque vivo en una ciudad pequeña donde casi todos nos conocemos o tenemos un máximo de cuatro personas de distancia hasta llegar al otro y veraneamos casi todos en el mismo balneario y bueno, cosas de ciudades chicas, tres millones de habitantes suena mucho pero es poco realmente. En todo caso, me las ingenié, la conocí y descubrí que aparte de sexi era muy simpática, risueña, inteligente y me enamoré dos palabras después de "hola, me llamo Isabel, pero todos me dicen Chaba". En esa época yo era igual de alto que ahora sólo que muy flaco, parecía una caricatura de metro ochenta con muchas pecas, pelo oscuro, una nariz medio grande para mi cara tan delgada y un cuerpo desgarbado, encorvado por la vergüenza de ser siempre el más alto del grupo.

-¿Aló Marthita?, disculpe la hora, soy Eduardo. Por favor cancele toda mi agenda de la mañana, iré tentativamente al despacho pasada la hora de almuerzo, igual estamos en contacto de presentarse algún inconveniente. Envíeme por mail los mensajes que tengo pendientes por favor, gracias. click.


Estoy tan ridículamente nervioso que parezco mujer pensando qué camisa usar, no quiero verme viejo pero tampoco quiero que piense que ando hecho el jovencito, ya no luzco como antes, dejé de ser un flaco desgarbado desde que me dejó hace veinte años, quiero que vea cómo me he cuidado, los resultados de haber estado casado con una nutricionista deportóloga han sido beneficiosos para mi cuerpo... ¿Sabrá que me divorcié? ¿Será por eso que me buscó? Imposible adivinarlo, Chaba siempre fue así, un enigma.

Camino descalzo, faltan dos horas aún para verla y no sé qué hacer para quemar tiempo, no puedo concentrarme en un libro ni en ver noticias, sólo puedo recordar el día que la vi por última vez, teníamos veinticinco, yo estaba muy enamorado de ella y ella lo sabía, se reía de mi amor. Jugaba a que me quería y cuando pedía más tiempo juntos, ella me devolvía ausencias silenciosas, se perdía por unos días y yo quería morirme, era cruel, pero yo la amaba y dejaba de pedirle más, me conformaba con lo que ella me daba. Recuerdo haber llegado a su casa con flores y un disco que sabía ella estaba buscando y a esta ciudad de tres millones de habitantes no había llegado, fue toda una complicación, llamar a mi primo que vive en Miami, explicarle, enviarle el dinero por correo y luego esperar hasta que llegara el paquete, pero todo estaba listo y justo cumplíamos dos años seis meses juntos, ¿cómo olvidarlo? Me bajé del auto de mi mamá con flores, paquetes, unos chocolates y me recibió en el portal, no me dejó entrar. Me dijo que las cosas se estaban complicando, que ella quería algo más de la vida, yo estaba recién en tercer año de la universidad y no trabajaba, ergo no tenía dinero, salvo el que mi madre me separaba de su sueldo. ¿Mi padre? bien gracias, no lo veo desde que tengo cinco años. Chaba me hizo un recuento de carencias económicas infantiles, de aquella vez que fueron a su casa y embargaron todo porque su papá músico debía a media ciudad, historias que yo conocía y no veía la relación con nosotros. Ella siguió hablando y me dijo que ella no buscaba amor, ella quería dinero, una posición social alta, donde pueda crecer socialmente y disfrutar de dinero, viajes y confort. No podía creer lo que oía, recuerdo haber perdido la fuerza en los brazos y haber soltado todo al piso sin querer. Estaba ante mí otra mujer, una fría y calculadora. Me agaché a recoger todo y ella ni se inmutó, no quiso quedarse ni con las flores ni con el disco. "Achtung Baby" de U2, todavía lo conservo aunque ya no lo escucho. Llegué a mi casa destrozado, lloré como un niño, rompí todo recuerdo de ella, fotos, cassettes, cintas, vídeos, todo. Me parecía tan bella que tenía un corcho lleno de fotos suyas en mil poses y lugares. Rompí todo, me emborraché hasta perder la conciencia varias veces hasta que un día en el pináculo de mi depresión reaccioné, entró en mí un golpe de autoestima y agotado de verme un guiñapo humano me bañé, retomé la universidad y los amigos, todos ellos relegados por mi resiente amargura. ¿Será que quiero aprovechar esta oportunidad de volver a verla para decirle lo que nunca le dije? No, ya no la odio, quiero verla, la curiosidad por esa llamada me está matando, se la escuchaba bien, una voz madura, serena aunque conservaba esa dulzura que me derretía cuando nos amanecíamos hablando por teléfono. Cuando retomé mi vida, supe que estaba comprometida con el hijo del dueño de una camaronera muy famosa en el país, en fin, tendrá lo que quiere, pensé y dejé de pensar en ella. Me obligué a dejarla ir y ahora veinte años después, vuelve.

Ya es tiempo, manejo tranquilo, la he citado en el lugar más caro y elegante que encontré. De repente una llamada. -¿Edu? sorry voy medio atrasada, mi vuelo acaba de llegar, ¿podemos atrasarlo unos veinte minutos más? -Claro Chaba, yo te espero (como siempre, pensé) -Gracias cariño, beso, bye.

¿Vuelo? de dónde vendrá me pregunto, creo que no vivía en la ciudad, cierto, al casarse se fue a vivir a la capital. Llego al lugar, aparco el auto, camino y entro, saludo a los meseros y al administrador, soy cliente frecuente y me da gusto repasar que mi vida luego de Chaba fue tan diferente a cómo ella la proyectó, me gradué de arquitecto, viví en Florencia un par de años hasta que en uno de esos viajes en los que regresaba para saludar a la familia, conocí a Laura, ella se estaba graduando como nutricionista, linda chica, dulzona, inocente con mucho temple, nos casamos pronto sin noviazgo largo ni mucha pompa, ella me ayudó a surgir con su confianza en mí y uno que otro contacto de su familia. No sólo en la parte profesional cambié, nunca más me volví a enamorar de la forma intensa que estuve de Chaba. Laura aguantó, perdonó y calló todas mis infidelidades hasta que descubrió la última con mi asistente; era la coartada perfecta si no hubiera sido porque justo ella caminaba por la puerta de entrada cuando ambos salíamos del hotel donde usualmente nos encerrábamos por algunas horas, todos mis "martes de directorio". ¡Las esposas debería avisar cuando deciden ir a pasear por el centro! Ahora me hace gracia, en ese momento fue un papelón, llanto y gritos de ambas partes, un drama. Yo tomé un avión y volví en una semana con los ánimos calmos pero la solicitud de divorcio ya había sido ingresada. No discutí, no me quedé con nada. Laura tenía razón y con dinero traté de retribuir el amor y confianza que ella me había dado en esos años. No tuvimos hijos, así que fue un divorcio rápido y carísimo, pero bueno, Laura merecía quedarse con todo. 

Saboreo mi vino blanco cuando la veo entrar.

Chaba sigue siendo hermosa, ahora tiene cuarenta y cinco. Algo diferente hay. Viene arrastrando una pequeña maleta con ruedas, asumo que su ropa para la estadía en la ciudad. Me levanto, la saludo con un beso en la mejilla y le aparto una silla. Está en jean, una blusa blanca, una sencilla cadena de oro y argollas grandes, sigue siendo delgada y elegante hasta para sentarse. Se saca las gafas y empieza el desencanto. Su piel que antes era dorada ahora me parece que se ha opacado convirtiéndose en una tonalidad café cartón, sus ojos verdes cambiantes con la luz, los veo medio amarillentos (puede ser la luz), sus dientes blanquísimos se mantienen, pero ahora noto que ha habido intervención quirúrgica en algunas partes de su cuerpo y dentadura. No lleva anillo de casada pero si un Bulgari en el dedo anular. Ella habla y yo sólo la analizo. Tiene ojeras, no se ha maquillado, salvo un ligero brillo labial que si la conozco se lo puso antes de bajarse del taxi que la trajo del aeropuerto hasta aquí.

Me cuenta que su esposo ha perdido el trabajo, que ella está montando una compañía que funciona piramidalmente y busca un auspiciante. ¡Qué ironía! exclamo, terminaste conmigo hace veinte años por no poder ofrecerte nada y resulta que ahora yo tengo lo que tú necesitas. Chaba suelta una carcajada hecha la cabeza hacia atrás y sigue riendo mientras me mira y guiña un ojo, la conozco, le molestó el comentario pero no se dejará vencer, esta vez, ella me necesita. Hace caso omiso de mi insidioso comentario y continúa la explicación de ese negocio que no me interesa en lo más mínimo, pero ella insiste que luego de averiguar en el mercado, yo soy el óptimo para auspiciar esto con beneficio económico para ambos. Trato varias veces de cambiar el tema, quiero saber de su vida, tiene dos hijos. El fantasma del embargo la está persiguiendo y teme volver a pasar lo mismo que cuando fue niña. Celebra mi nueva facha, dice que estoy más guapo y siento que me está coqueteando, le sigo el juego y empezamos un baile de piropos que termino pronto porque esos bailes pueden terminar en la cama y no resistiría volver a tener sus piernas cruzando mi espalda. Me volvería débil y no quiero. Me envuelve su perfume, la miro y admiro, pero esta vez las cosas son diferentes. Ya no la veo como antes, el vestigio del fantasma que me ha perseguido estos años, está muriendo mientras ella se lleva la copa de vino a los labios y sonríe.

Hablamos una hora más del producto que sigue sin interesarme, salvo por el leve brillo en sus ojos que a ratos salpica esta patética reunión. Le digo que se ponga en contacto con mi nueva asistente y que a través de ella haremos la pauta, que no se preocupe. Pago la cuenta y me levanto. -¿Tienes cómo irte? ¿Quieres que te acerque a algún lado? -No, Edu, gracias. Ya has hecho bastante. Me despido con otro beso en la mejilla, al darme la vuelta y avanzar dos paso escucho. -¿Te lastimé mucho verdad? No podía virarme y enfrentarme a sus ojos. Me quedé en silencio de espaldas a ella. -Edu, lo siento mucho, si te sirve de consuelo, no soy feliz. No me servía de consuelo y mis fuerzas empezaban a flaquear. Giré sobre mis talones y la miré. Parada sosteniendo la agarradera de su maleta, tan desvalida como lo estuve yo cuando me despreció sin piedad.

Me acerqué y la abracé muy fuerte. Le di un beso en la frente y volví a virarme para andar, ahora sin mirar atrás. Ella no dijo nada más.

Hay puertas que simplemente no se deben volver a abrir.










1 comentario:

  1. Muy buena historia Vero, el simplemente se saco el fantasma de ella que siempre le daba vueltas en su ausencia !!!!

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